jueves, junio 21, 2018
El gesto torcido

Por Ramón Muñoz Yanes

No hay espectáculo visual más devastador que un niño con una bandera sobre los hombros; él no lo sabe, pero porta un grillete al intelecto.

Las leyes deberían proteger a los menores de la deriva ideológica de los padres, porque de más está decir que no ha de andar muy holgada de argumentos la ideología que tenga a sus infantes como portavoces.

Una tela sobre los hombros de un infante es el fusilamiento a priori de la opinión, de su libertad de pensamiento cuando no ha de andar enfrascado en otra cosa que en recibir lo mejor de la cultura de nuestra especie.

Espanta la imagen de un niño con una bandera sobre su pequeña anatomía; es la expresión de la moral de sus padres, tal vez la viva imagen del fracaso de sus abuelos.

La historia me enseñó a desconfiar de aquellos que expanden sobre los imberbes una ideología concebida para la defensa de intereses privados. El siglo XX fue prolijo en ejemplos: la URSS, la Alemania nazi, la dictadura cubana y muchos fracasos sociales más, no han titubeado en mostrar a niños como vallas publicitarias de sus consignas.

Es el mensaje tras la imagen lo que impacta, el secuestro de la ternura, un monumento a la barbarie humana.

 

*Escritor cubano residente en Las Palmas de Gran Canaria